Seguro que lo has vivido como espectador. Dos películas utilizan exactamente las mismas herramientas. Ambas tienen un conflicto, una estructura, unos personajes con sus objetivos… Las dos cumplen con las premisas técnicas a la perfección. Sin embargo, una pasa completamente desapercibida y la otra te mantiene pegado a la pantalla, identificándote con los personajes, sufriendo con sus decisiones, temiendo el siguiente paso, emocionándote con el clímax e, incluso, influyendo en tus valores.
¿Dónde está la diferencia? La respuesta es muy sencilla. La diferencia está en nosotros. Primero como seres humanos. Después, como espectadores. Finalmente, como guionistas. La materia prima con la que trabajamos no son los manuales de guion. Son nuestras propias experiencias, emociones, deseos, miedos, preguntas y contradicciones.
Escribimos desde la herida, desde la duda y desde el asombro. La técnica es el mapa. La idea que quieres trasmitir es lo que enciende el motor. Cuando te atreves a mirar dentro de ti y trasladar tu experiencia a tus personajes, el papel deja de ser plano. La pantalla se convierte en un espejo. Solo entonces ocurre el milagro. El espectador deja de ver una ficción ajena y empieza a vivir su propia vida a través de tu relato. Es en este preciso instante cuando tu historia puede convertirse en algo trascendente. Una historia se cuenta desde dentro. Y en Rosebud Stories aprednerás a trabajar desde esta perspectiva.